La ley de la Responsabilidad

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Cuando suena el clarín para que las almas emprendan ciertas tareas ¿Cuál es tu reacción? ¿Respondes a tu intuición y a las visiones que se te envían? El Universo nos manda retos para comprobar cómo respondemos. Las pruebas sucesivas te preparan para la promoción espiritual. Depende de ti demostrar que eres capaz de asumir la -responsabilidad. Antes de promocionarte tienes que pasar las pruebas porque puede que muchas almas dependan de ti.


Como es arriba, así es abajo. Tan pronto como crees que tu hijo puede conducir correctamente el coche, te sientes contento de prestárselo. Cuando se tiene confianza en un estudiante, porque se porta de  forma honrada y sensata, se le da el cargo de prefecto. Al traba­jador de una empresa no se le asciende hasta que no haya demostrado que puede afrontar una serie de problemas.


Cuando las fuerzas superiores creen que puedes realizar correctamente algún tipo de tarea, dejarán la responsabilidad en tus manos.

Existen ciertos momentos en la vida en que asumimos respon­sabilidades espirituales. Una de ellas es traer un hijo al mundo. Tanto si el bebé ha sido planificado conscientemente como no, tu Yo superior y el Yo superior del niño se pusieron de acuerdo. Tu evolución espiritual depende de cómo respondes a ello. Hacer encarnar a un niño con discapacidades es una responsabilidad ex­tra, que te ofrece más retos y oportunidades de crecimiento si deci­des aceptarlos.


Cuando diriges un proyecto o negocio de gran envergadura, muchas almas se verán afectadas por tus decisiones. Por ejemplo, si estás al cargo de una escuela o de un hospital, eres responsable del bienestar de muchos. Si te enfrentas con integridad al reto, su pro­greso espiritual se verá beneficiado.


Los retos y las responsabilidades son un honor. Indican que espiritualmente estás preparado para cosas más importantes.


Todas las cosas y personas que están a tu cuidado representan una responsabilidad. Si no respondes al desafío entonces te lo qui­tarán de las manos y puede que te lo vuelvan a presentar en otra ocasión.

Todo lo que posees en la vida es un préstamo que se te ha hecho. ¿Cómo cuidas de tus hijos, de tu hogar, jardín, ropa y libros? Tu responsabilidad es cuidar de ellos.

No puedes asumir grandes responsabilidades en la vida si no te ocupas de tus propias necesidades. Tus emociones y tu espíritu nece­sitan cuidados. Tu cuerpo es un templo que debe ser atendido. Cuídate tú primero. Entonces serás capaz de cuidar de los demás.


No obstante, con la excepción de tus hijos pequeños, tú no eres responsable de nadie más. Todo individuo es responsable de sus pro­pios sentimientos y de su propio destino, y no es tuyo el derecho de llevar la carga de otros porque estarás obstaculizando su crecimiento.


Tu responsabilidad es apoyar, respaldar y animar a los demás para que asuman sus propias responsabilidades. Cuando asumimos la responsabilidad por las decisiones de otra persona, no estamos obrando a favor de su mayor evolución. Les negamos el poder a los niños asumiendo responsabilidades por ellos. Una persona a quien se le ha quitado el poder siempre está resentida.

La verdadera responsabilidad es la capacidad de responder a las necesidades de todo lo que te rodea: flores, árboles, animales, seres humanos y el planeta. Un ser evolucionado responde con gentileza a toda criatura viviente del Universo.


Si llevas a cuestas alguna creencia, emoción o secreto familiar, devuélveselo a la persona que te lo dio. Hazlo con amor pero con firmeza. Otra manera es invocar a los ángeles y a los maestros ascendidos y pedirles que transmuten la energía.

Cuando llevamos las cargas de otras personas, ponemos obstáculos a su crecimiento y a que puedan aprender de sus lecciones de vida. Retrasamos su evolución y también la del planeta. Si asumes la responsabilidad de los sentimientos de otro, es como una deshonra para esa persona.


Si no eres capaz de contarle a alguien una situación o cómo te sientes. Por si le haces daño, se enfada, se siente celoso o deprimi­do, estás asumiendo responsabilidad por sus sentimientos. Le estás haciendo una injusticia. Cuando hablas honestamente acerca de tus propios sentimientos, estás asumiendo la responsabilidad por ti mismo y al hacerlo liberas tanto a la otra persona como a ti mismo.


La mayoría de nosotros proyectamos nuestros sentimientos sobre los demás. En otras palabras, sabemos que nosotros nos enfa­daríamos si estuviéramos en esa situación, así que imaginamos que ellos también lo estarán. Volcamos nuestros asuntos sobre ellos.

Si dices: «No puedo decírselo porque sé que sentirá envi­dia», estás proyectando tu propia envidia en esa persona. Puede que sienta envidia, pero si es así, es su propia responsabilidad.

Cuando comprendemos la Ley espiritual de la Responsabilidad, ya no culpamos a nadie más ni proyectamos nuestros sentimientos sobre los demás. Lo que si hacemos es asumir la total responsabilidad por cada cosa que nos ocurre en la vida, por cada sentimiento que tenemos, cada emoción y cada sentimiento.

Un Maestro se plantea la cuestión de esta manera: ¿qué hice para que ocurriera esto? ¿Qué pensamiento o emoción transmití? ¿Qué acciones he realizado en el pasado para crear esto? Y lo más importante: ¿cómo puedo cambiar las cosas?


Cuando asumes la responsabilidad de tu propia vida te conviertes en Maestro.

Meditación Guiada

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Terapia de Meditación Guiada:

Viernes 27 de marzo de 2009

Hora: 7:30 p.m.

Lugar: Parque Lefevre

Costo: B/.10.00

Previa Inscripción

Curso Reiki Infinito Nivel I

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Reiki Infinito Nivel I

Fecha: sábado 14 de marzo de 2009

Lugar: Parque Lefevre

Hora. 2:00 p.m. a 7:00 p.m.

Costo B/.100.00

Previa Inscripción

El curso incluye: Manual de nivel I de Reiki Infinito ilustrado, apertura del canal de reiki, armonización de chakras, certificado de nivel I de Reiki Infinito.

Meditación Guiada

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Terapia de Meditación Guiada:

Viernes 13 de marzo de 2009

Hora: 7:30 p.m.

Lugar: Parque Lefevre

Costo: B/.10.00

Previa Inscripción

Serafines

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serafin

Los serafines son, según la teología católica, el primero de los nueve coros o tipos de “espíritus bienaventurados” o ángeles, tal y como los describió Dionisio Areopagita en su obra La Jerarquía Celeste. Según algunas versiones, el nombre deriva de las palabra ser que significa “yo soy” y del hebreo rapha, “sanador”. Son los ángeles del amor, la luz y el fuego, que rodean el trono de Dios y están en constante alabanza. Pertenecen al orden más alto de la jerarquía más elevada, junto con querubines y tronos, ya que no están hechos a imagen y semejanza de Dios, sino que son parte o esencia de Él, como hijos o hermanos menores suyos. Según la biblia, el profeta Isaías vio serafines durante una visión.


Características e iconografía

Los serafines se caracterizan por el ardor y la pureza con que aman las cosas divinas y por elevar a Dios a los espíritus de menor jerarquía. Se les conoce como “las flameantes serpientes voladoras del rayo”, “serpientes de fuego del amor” o, simplemente, “serpientes ardientes”. Cantan sin cesar la música de las esferas, regulan el movimiento de los cielos y son la vibración primordial del amor. La captación de energía que poseen es muy elevada.

Los serafines pueden tomar la figura humana pero, aun así, se los identifica con la serpiente o el dragón dorado que es un ser hijo de la luz. Los gnósticos refieren que fueron los serafines en su forma de dragones dorados los que destruyeron Sodoma y Gomorra, bombardeando la ciudad con bolas de fuego, y son mencionados por primera vez en Hebreos, uno de los libros más antiguos del Antiguo Testamento.


La iconografía cristiana representa a los serafines, al igual que al resto de los ángeles, como seres alados, pero con la peculiaridad de poseer tres pares de alas, el primero de los cuales tapa su rostro ya que, al ser los seres más bellos del universo, sólo Dios tiene derecho a contemplarlos. Con el segundo par de alas vuelan y el tercero cubre sus pies, pues simbolizan así la eterna humildad y amor debidos sólo a Dios. En el judaísmo se presentan como serpientes doradas con seis alas que tienen el poder de sanar.

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